Pentecostés 2011

Pentecostés 2011

En la primera lectura vemos al Espíritu Santo actuando como una especie de traductor universal – y para celebrar la fiesta de Pentecostés, padre David decidió dejarme dar la homilía para ver si el Espíritu Santo sigue siendo un buen traductor ahora como era entonces!

Por supuesto, el Espíritu Santo había un poco de ayuda, quiero dar las gracias a Franklin para la traducción de la homilía.

Hoy día, la Santa Madre Iglesia celebra su cumpleaños. Nos reunimos y celebramos que, finalmente, los discípulos, fortalecidos por el don del Espíritu Santo, recibieron el coraje, la fuerza, la capacidad de ser Iglesia para los que les rodeaban. Para anunciar la Buena Nueva y dar testimonio de Cristo Jesús y su mensaje salvífico. Para la gloria de Cristo nuestro Salvador. La gloria de la Iglesia no es otra cosa que celebrar la gloria de Dios mismo.

Sin embargo, en las lecturas de hoy parece ver dos versiones diferentes del don del Espíritu Santo. En el Evangelio vemos a Jesús aparecer a sus discípulos en el Cenáculo con las puertas cerradas, y por la exhalación de su espíritu sobre ellos se les da el don del Espíritu Santo. Y en nuestra primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, oímos la historia familiar de la venida del Espíritu Santo de lo alto: “Cuando el día de Pentecostés se cumplió, estaban todos juntos en un solo lugar. Y de repente vino del cielo un ruido como de un viento fuerte, el cual llenó toda la casa en que estaban. Entonces se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo. ”

Creo que es importante tener en cuenta que estos no son dos versiones diferentes de un mismo hecho – ni mucho menos! Se trata de dos eventos separados que parecen dar el mismo regalo. La lectura del Evangelio fue antes de que Jesús ascendiera al cielo, y por supuesto la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles fue en Pentecostés en sí, como sabemos fue después de su ascensión. Pero una pregunta que creo que tenemos que hacernos es ¿por qué el Señor aparentemente dá el don del Espíritu Santo, una vez en la tierra, y una vez desde su trono en el cielo? Por qué Jesús les sopla este regalo a sus discípulos en la tierra como hombre y luego lo envía como Dios desde el cielo en forma de viento y lenguas de fuego.

El Papa San Gregorio el Grande dice: “me parece que es porque los preceptos del amor son dos – El amor de Dios, y el amor a nuestro prójimo!” En otras palabras, el Espíritu Santo, el Amor de Dios, aunque un de regalo consta de dos partes – porque es a través del amor al prójimo nos enteramos de cómo vamos a llegar al amor de Dios. Como lo escuchamos que se nos dijo en la primera carta de San Juan (4:20-21) “porque el que no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ha visto. Este es el mandamiento que tenemos de él; el que ama a Dios ame también a su hermano”

Es a través de nuestras acciones de amor, nuestro testimonio, que el don del Espíritu Santo actúa en nosotros y somos capaces de hacer que los demás sean conscientes del amor de Dios. A través de nuestra perseverancia en el amor de Dios y nuestra caridad demostramos a los demás la gloria de Dios! Irradiamos la magnificencia del cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, cuando somos testigos del amor de Dios. Es cierto que en última instancia, Dios es el que convierte los corazones, pero es tarea de la Iglesia – de nosotros – el introducir a los que no conocen su regalo. Nosotros en la tierra ofrecemos su amor- y El desde el cielo puede colocarlo en los corazones.

¿No es por eso que Jesús creó la Iglesia? Para ser su verdadera presencia aquí en la tierra, para ayudar a los que nos rodean a conocer el amor de Dios. No dice a sus apóstoles y a nosotros: “Vayan pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que he mandado. ”
A todos ustedes, mis queridos hermanos y hermanas en Cristo, se les ha dado el don del Espíritu Santo – el aliento de Dios – y todos ustedes tienen una mayor conciencia de la belleza y la gloria de la Iglesia, ya que ven, oyen y sienten el Espíritu Santo vive en ella. Mi oración para todos nosotros es que lleguemos a ser como los apóstoles en el día de Pentecostés hace 2.000 años atrás, salgan y soplen a todos los que encuentren el Espíritu Santo, ofrezcan nuestro amor. Den a los que estén en la oscuridad, por nuestras acciones, la oportunidad de ver esta llama de amor viva, y que la misma descienda sobre ellos. Si hacemos esto, entonces Pentecostés no es una celebración de un acontecimiento pasado, sino una celebración permanente de nuestro Dios vivo.

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